EDG
· Andragogía y aprendizaje de adultos
Enseñar sin
autoridad: lo que la andragogía le exige a un mentor que cree que sabe más que
el estudiante
Una de las conversaciones más
difíciles que he tenido con mentores nuevos de la Escuela de la Gestión no es
sobre contenido. Es sobre postura. Muchos llegan con una trayectoria
profesional sólida, con años de experiencia técnica real, y con una convicción
implícita que resulta muy difícil de desmontar. La idea de que su rol es
transferir lo que ellos ya saben a quienes todavía no lo saben.
Esa convicción no es arrogancia. Es
el modelo mental que casi todos internalizamos en nuestra propia educación
formal, donde el profesor sabe y el alumno no sabe, y el proceso consiste en
cerrar esa brecha. El problema es que ese modelo, razonable para un niño de
ocho años que aprende a dividir, se vuelve contraproducente frente a un adulto
de cuarenta años que ha gestionado equipos, presupuestos y crisis reales
durante dos décadas.
Paulo Freire llamó a esto educación
bancaria, un modelo donde el conocimiento se deposita en el estudiante como si
fuera una cuenta vacía que hay que llenar. Freire propuso en cambio una
educación dialógica, donde el conocimiento se construye entre quien enseña y
quien aprende, y donde ambos son, en distintos grados, poseedores de saber
legítimo.
Con adultos, esta distinción deja de
ser una preferencia pedagógica y se convierte en una condición de eficacia. El
adulto que se sienta frente a un mentor con veinte años de experiencia previa
relevante no llega vacío. Llega con un marco de referencia propio, con
decisiones tomadas, con errores cometidos, con intuiciones desarrolladas en la
práctica. Ignorar ese marco no es solo una pérdida pedagógica, es una falta de
respeto que el estudiante adulto detecta casi de inmediato, aunque no lo
verbalice.
Lo que la andragogía le exige a un
mentor no es renunciar a su conocimiento técnico, que sigue siendo
indispensable. Le exige renunciar a la autoridad que ese conocimiento le otorga
por defecto, y reemplazarla por una autoridad distinta, la de quien sabe hacer
las preguntas correctas para que el estudiante conecte su propia experiencia
con el marco conceptual nuevo.
En la práctica, esto cambia
radicalmente el diseño de una lección. Un mentor que enseña desde la autoridad
del saber empieza explicando el concepto y termina, si acaso, con un ejemplo.
Un mentor que enseña desde la andragogía empieza preguntando, qué ha vivido
usted en relación con esto, y solo después introduce el marco conceptual, ya no
como una verdad externa que hay que memorizar, sino como una herramienta que
ordena algo que el estudiante ya intuía pero no sabía nombrar.
Este cambio de postura es incómodo
para muchos mentores al principio, porque parece ceder control. En realidad, lo
que cede es autoridad impuesta, y lo que gana es autoridad reconocida, que es
mucho más potente y mucho más duradera. Un estudiante adulto que siente que su
experiencia fue tomada en serio se compromete con el proceso de una forma que
ningún contenido, por bien producido que esté, logra por sí solo.
Hay un segundo elemento, menos
discutido, y es la vulnerabilidad del mentor. Enseñar sin autoridad impuesta
significa también aceptar que el estudiante puede, en algunos aspectos de su
experiencia particular, saber más que uno. Esto no debilita al mentor. Lo
humaniza, y en el contexto de formación de adultos, la humanización del mentor
es una condición de confianza, no una amenaza a su credibilidad.
En la Escuela de la Gestión formamos
a nuestros mentores explícitamente en esta distinción antes de que graben su
primera lección. No basta con dominar la ISO 14001 o el modelo de liderazgo que
van a enseñar. Necesitan aprender a preguntar antes de explicar, y necesitan
aceptar que su rol no es ser la fuente de la verdad, sino el punto de encuentro
entre esa verdad conceptual y la experiencia viva de quien aprende.
Si eres quien enseña, ¿tu primera intervención
en una lección es una pregunta o una explicación? Y si eres quien aprende,
¿alguna vez un curso te preguntó, antes de explicarte nada, qué habías vivido
tú en relación con ese tema?
